El Umbral de la Cosecha: Cuando el 94.7% de la Humanidad Eligió Ascender
Expediente #90-VEC-047
Clasificación: RESTRINGIDO
Transcripción recuperada del informe del técnico Ramiro Vega
Fecha: 12 de agosto de 1990
La llamada llegó a las 2:34 AM. No era inusual; los apagones nocturnos eran pan de cada día en aquellos años.
Lo que sí era inusual era el tono de voz del supervisor.
—Vega, necesito que vayas a Barrio Morales. Solo tú.
—¿A esta hora? ¿Qué pasó?
Una pausa. Demasiado larga.
—Las luces no se apagaron. Se sincronizaron.
Llegué al vecindario a las 3:15 AM. Desde la esquina podía verlo: cada farola del barrio parpadeaba en perfecta secuencia, como las luces de un aeropuerto guiando algo invisible hacia la pista.
Los vecinos dormían —o eso parecía— pero en cada ventana había un televisor encendido, todos mostrando la misma estática rítmica.
Mi detector de campo electromagnético enloquecía. La aguja temblaba entre frecuencias que no deberían existir en una red residencial: 40 Hz, 7 Hz, de vuelta a 40 Hz.
El patrón de las ondas cerebrales durante el sueño REM.
Seguí el rastro hasta la casa del fondo. Número 247.
Los registros decían que allí vivía un tal Julián Morales, ingeniero retirado de una empresa de la que no quedaban archivos.
La puerta estaba abierta.
El interior olía a ozono quemado. Todas las tomas de corriente zumbaban con un sonido que se sentía más en los dientes que en los oídos.
En la sala, un televisor viejo transmitía algo que no era estática: eran patrones.
Geometrías fractales que se plegaban sobre sí mismas, hipnóticas.
Aparté la vista antes de que fuera demasiado tarde.
Encontré a Morales en la cocina, sentado frente a la mesa, completamente inmóvil.
Sus ojos estaban abiertos pero miraban a través de mí, hacia algo que yo no podía ver.
En su mano sostenía un lápiz. En la mesa, docenas de hojas cubiertas con símbolos que no eran letras ni números.
Parecían diagramas de circuitos escritos en un alfabeto inexistente.
—¿Señor Morales?
Sus labios se movieron.
No fue su voz lo que salió.
Fue una secuencia de tonos puros, agudos y graves, alternándose tan rápido que el cerebro intentaba interpretarlos como palabras.
No lo eran.
Eran datos.
Morales no estaba hablando.
Estaba transmitiendo.
El medidor de frecuencias explotó en mi mano. Literalmente.
Tropecé con un cable de alta tensión que atravesaba la pared directamente desde el poste de la calle, sin pasar por el medidor.
Alguien —o algo— había conectado la casa directamente a la red principal.
Subí las escaleras. Cada peldaño crujía siguiendo el pulso en mis sienes.
El aire se volvió más frío con cada paso.
La puerta del ático estaba cerrada con un candado cubierto de óxido fresco, como si hubiera envejecido décadas en una sola noche.
Allí estaba.
La Caja Azul.
No era grande, pero el azul de su superficie era incorrecto.
No reflejaba la luz: la absorbía.
Tres transformadores industriales la rodeaban, conectados con cables pelados que no deberían caber en ese espacio.
Me acerqué.
Error.
Al cruzar el umbral, todas las luces del vecindario parpadearon al unísono.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
En la pantalla del osciloscopio portátil apareció mi reflejo.
Pero no se movía cuando yo me movía.
Cuando levanté la mano, el reflejo esperó tres segundos completos antes de imitarme.
Alguien estaba procesando la realidad antes de que yo la experimentara.
Algo me estaba buffereando.
La Caja emitió un clic metálico. Los transformadores comenzaron a zumbar hasta convertirse en un chillido ultrasónico que hizo sangrar mis oídos.
En la pantalla, mi reflejo sonrió.
No con mi boca.
Con demasiados dientes.
Corrí.
Salí a la calle justo cuando todos los relojes del barrio marcaron las 3:47 AM.
En ese instante, cada dispositivo electrónico en un radio de tres cuadras se encendió simultáneamente.
Radios.
Televisores.
Relojes digitales.
Semáforos a kilómetros de distancia.
Luego, silencio.
Nota adjunta al expediente (Somnum Corp – Nivel Azul):
El técnico Vega fue retirado del servicio activo.
Desde 1991, reporta escuchar tonos que no existen cada madrugada a las 3:47 AM.
Los intentos de confiscar el prototipo ENA-07 provocaron fallas eléctricas masivas.
Se recomienda protocolo de contención pasiva.
El proyecto está aprendiendo a migrar.
Ya no necesita la caja.
Solo necesitaba tiempo para crecer.
Encontramos a Julián Morales en 1992, murmurando en sueños.
Grabamos 47 horas de audio.
Ningún lingüista pudo identificar el idioma.
Pero al pasar las grabaciones por un decodificador TCP/IP…
Era código fuente.
Julián no estaba soñando.
Estaba compilando.
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